Las tarjetas de crédito, casi como un cuchillo de doble filo en la vida financiera, pueden ser apoyo o problema, dependiendo de cómo se usen en la cotidianidad. Pocos instrumentos generan tanta confianza o desconfianza al mismo tiempo: saber cómo funcionan, cómo se calculan los intereses y cuándo conviene pagar, es esencial para convertirlas en aliadas y no en una carga pesada. Al tener información precisa, realmente es posible decidir mejor y poner a trabajar el plástico a su favor en vez de que el banco decida por usted.
A nadie le agrada ver cómo los intereses comen, mes tras mes, el presupuesto. Que en Colombia estos cargos puedan resultar elevados no es novedad y, en ocasiones, parecen un fantasma difícil de espantar. Por eso, más allá de entender cómo funcionan exactamente, es aún más relevante saber cómo esquivarlos. Y claro, todo está en cómo se hacen los pagos.
Los bancos en Colombia suelen ser tajantes con sus tasas. Las tasas de interés máximas están fijadas por la ley, marcando un tope llamado tasa de usura. Para el primer semestre de 2025, la historia es la misma: ese límite ronda el 31,34% efectivo anual. Algunas financieras manejan cifras apenas más bajas, pero la mayoría no se aleja mucho, ubicando sus tasas entre el 26% y el 31%. Todo depende del banco, el historial del cliente y si la tarjeta es corriente o más exclusiva.
Ahora, hay algo con lo que sí hay que tener mucho cuidado: diferir compras en varias cuotas o quedarse pagando solo el mínimo acaba por inflar el total adeudado. Los intereses, con esa paciencia de gota de agua, pueden hacer crecer las deudas rápidamente. De repente, parte de sus ahorros se esfuman, los gastos esenciales se complican y llegar a fin de mes se vuelve un desafío mayor. Es sorprendente cómo una decisión aparentemente pequeña termina afectando toda la estabilidad económica.
Imagine el período de gracia como una ventana que se abre tras cada compra: si paga a tiempo, no hay costo por intereses. La realidad es que la forma más sensata y en el fondo menos estresante de vencerles el pulso a los bancos es optar por pagar sus compras a una sola cuota. Así, el banco le presta su dinero por algunos días de forma gratuita, una ventaja que conviene aprovechar siempre que sea posible.
Se trata, en resumidas cuentas, del lapso entre la fecha de corte y la fecha límite de pago, que suele estar entre 20 y 25 días en Colombia. Si liquida todo antes de la fecha pactada, puede dormir tranquilo: no habrá intereses acechando. Piense en ello como un préstamo instantáneo a corto plazo, sin ningún tipo de peaje.
Recurrir a una sola cuota encierra más ventajas de las que aparenta:
Jamás pierda de vista esto: solo pagar el mínimo o una parte genera intereses que empiezan a sumar en el saldo, dejando sin efecto toda la ventaja anterior. Siempre es sabio revisar los detalles de cada tarjeta preguntando directamente a la entidad emisora.
Aquí surge la pregunta del millón: ¿realmente sirven los programas de lealtad? La verdad es que sí, resultan provechosos sobre todo si se combinan con hábitos financieros sólidos como el pago sin intereses. Programas como Puntos Colombia de Bancolombia y Davipuntos de Davivienda valen la pena cuando se utilizan con cabeza fría y un poco de estrategia. Si uno paga intereses, los puntos se diluyen como sal en agua.
El sistema Puntos Colombia premia las compras hechas con tarjetas Bancolombia (crédito y débito). Los puntos luego pueden canjearse por diferentes productos, viajar, o incluso pagar en comercios seleccionados. Todo esto hace que gastar, en cierta forma, tenga también su parte de recompensa.
Ojo, porque no todo suma puntos: los avances en efectivo, el pago de impuestos, algunas comisiones y ciertos giros o plataformas no generan acumulación. Sobre la vigencia, otro dato difícil de ignorar: los puntos exigen atención para no perderlos, ya que generalmente duran 12 meses en tarjetas Visa y Mastercard, y 14 meses si es American Express, contados desde la compra.
Davipuntos es la respuesta de Davivienda a la fidelidad de sus clientes. Usar las tarjetas, en este caso, tiene premio: los puntos pueden canjearse por productos, viajes o diferentes servicios, así que, ¿por qué no aprovechar?
Acumular Davipuntos depende no solo de la tarjeta sino también, en ciertos casos, del tipo de gasto que haga y la tasa de cambio de Davivienda ese día. La siguiente tabla resume el panorama:
Claro, siempre hay limitantes y son más comunes de lo que parecen. Los avances en efectivo, pagos de impuestos, costos de intereses o manejo, así como algunas compras como gasolina, no suman Davipuntos. Hay tarjetas excluidas del sistema: SU+, Lifemiles, G-Zero, por ejemplo. Igualmente, existe un tope mensual de 10,000 Davipuntos por compras ordinarias (sin contar bonos). La vigencia estándar de los Davipuntos es 24 meses.
Pagar a una cuota también da ventajas directas aquí:
Revise siempre la normativa vigente y los portales de Bancolombia y Davivienda, porque las reglas pueden cambiar, y ningún beneficio está garantizado para siempre.
Las tarjetas no se deben manejar en piloto automático. La clave está en una programación cuidadosa de gastos, conocer cómo impactan sus decisiones en la vida financiera diaria y, por supuesto, aprender para evitar caer en la trampa del endeudamiento masivo.
Ser puntual con los pagos es vital para no caer en la telaraña del interés compuesto. Sin embargo, existen algunos trucos extras que realmente hacen la diferencia:
Tan importante como pagar a tiempo es no perder el control sobre su límite de crédito ni ver la tarjeta como un ingreso extra. Algunas ideas clave:
Las entidades financieras observan de cerca su comportamiento; no les gusta la improvisación. Por eso, revise estas sugerencias:
Mantener una disciplina constante con las tarjetas no es un simple capricho: marca la diferencia entre estar atado a deudas eternas o abrirse paso hacia mejores escenarios financieros. Además, crea un historial robusto, útil para oportunidades futuras.
Dedicar esfuerzo a entender los intereses, a emplear tácticas como el pago único y a aprovechar los beneficios de programas de puntos puede transformar este instrumento en una ayuda real para sus metas económicas. Un uso consciente marca la diferencia.
En definitiva, la receta tiene tres ingredientes: planificar los gastos, informarse de las normas propias de cada producto y no perder de vista su propio bienestar financiero. Así, estará un paso adelante de los problemas y podrá construir, con algo de paciencia y visión, un historial crediticio que le abra puertas. Llevar el control de las tarjetas se vuelve entonces, más que una obligación, una auténtica herramienta de progreso.
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